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    Cuando se cumplen 60 años de la muerte de la artista mexicana, repasamos una vida marcada por la fascinación y la tragedia

    Frida Khalo, estampas de un icono


    • «La columna quebrada» (1940)
    • «La columna quebrada» (1940)

    La pintura como bálsamo

    Frida Kahlo tenía 18 años cuando sufrió el terrible accidente que sobrevuela el tono y el discurso de su pintura. Lo cierto es que Kahlo sólo fue Kahlo después de que el teleférico en el que viajaba colisionase contra un tren, embarcando a la joven en 32 operaciones sin éxito alguno. El impacto destrozó su espalda y condicionó para siempre la vida (y la obra) de la pintora, cuya mirada artística revela un poderoso análisis de la discapacidad. Según relató una vez, se consagró al dibujo para «olvidar el dolor y el sufrimiento».

    La joven Kahlo fue una universitaria pionera

    La pintora fue una de las primeras mexicanas en ingresar en la universidad. Fue allí donde conoció a Diego Rivera, inmerso en uno de sus murales en el hall de la llamada Preparatoria Nacional. Frida se acercó al que sería su marido de forma espontánea y desplegó una carpeta de primeros trabajos ante un asombrado Rivera. Se casarían en 1929 para separarse diez años más tarde. Él era dos décadas mayor que ella.

    Frida y Diego: Retrato de una relación difícil

    «He sufrido dos grandes tragedias en mi vida: una, cuando fui atropellada por un tranvía... Y la otra es Diego». La relación entre Frida Kahlo y Diego Rivera debió ser muchas cosas pero nunca un océano de calma. El padre de ella, Guillermo Kahlo, advirtió al pintor que «su hija era un demonio». Su madre se limitó a observar lo mucho que el matrimonio le recordaba al casamiento de un elefante con una paloma.

    La etapa americana y el reconocimiento artístico

    Forzados al exilio –el Gobierno dictatorial de Plutarco Elías Calles recelaba de la combativa artista–, Kahlo y Rivera se instalaron en la metrópolis del automóvil, Detroit, inaugurando una etapa estadounidense (1931-1934) hoy considerada como la más fecunda de su carrera. La recepción crítica fue unánime y varias muestras se sucedieron durante la década de los cuarenta en Fildelfia, Bostón o el prestigioso MOMA (Museo de Arte Moderno de Nueva York). Fue allí también donde Rivera facturó sus conocidos murales en torno al fragor industrial de la ciudad y su particular mística mexicana. El Detroit Institute of Arts planea una muestra en torno a la obra conjunta de la pareja para 2015.

    La pasión por la fotografía

    Kahlo acumuló cerca de 6500 fotografías a lo largo de su vida. Una buena porción de este legado retrata a la propia pintora, junto a Rivera o sola en muchas ocasiones. El trabajo creativo de la artista se alimentaba de un círculo social repleto de académicos y creadores. Su casa fue un nido de intelectuales honrado por figuras como el surrealista galo André Bretón o el poeta chileno Pablo Neruda. La pareja, pese a continuas desavenencias e infidelidades, mantenía una completa agenda social en común.

    Historia de dos matrimonios

    Las infidelidades del muralista –llegó a iniciar un romance con Cristina, hermana menor de Kahlo–, sumadas a la imposibilidad de la pintora de tener hijos, precipitaron en 1939 el primer desenlace de una tormentosa relación (volverían a casarse un año después). La artista encadenó numerosos amantes de ambos sexos, entre los que destaca la figura de Leon Trotski, que había sido amigo de Rivera y que, también en México, sería asesinado a manos del español Ramón Mercader en el verano de 1940. La propia Kahlo presionó al presidente mexicano, Lázaro Cardenas, para que ofreciese protección al internacionalista ruso. Dicen que Trotsky enloqueció al conocer a su protectora.

    El origen de la «fridonamía»

    Marcado por una voluntad constante de reivindicar sus raíces indígenas, el fondo de armario de Kahlo bebía de los estampados zapotecas, típicos del estado de Oaxaca –al sur de México y lugar de nacimiento de su madre–, famoso por sus sociedades matriarcales. Icono fundamental del feminismo y la modernidad, la «fridomanía» resucita cada cierto tiempo por medio de ese movimiento pendular que caracteriza a la cultura pop. Salma Hayek encarnaría a la artista en un filme sobre su vida que aterrizó en los cines en 2002.

    Los años azules y la «esperada salida»

    Pese a la infatigable alegría que le distinguió, Kahlo se fue escorando hacia la tristeza con la edad, a la medida de los colores que teñían regularmente su casa de Coyoacán: primero rosa, después sepia y blanco, y por último azul. Fueron sus últimos años, cuando la pintora naufragó en un proceso depresivo muy ligado a la amputación de una de sus piernas, que le mantuvo durante 1951 y 1952 encadenada a un frasco de morfina sobre una cama de hospital. La página que cerró su diario íntimo mostraba un garabato apenas legible: «Espero alegre la salida y espero no volver jamás».

    Fuente: http://www.abc.es/cultura/arte/20140713/abci-frida-kahlo-aniversario-muerte-201407121247_1.html
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